
Al tomar un avión resulta casi inevitable sacar la cámara de fotos, mirar el paisaje y desear que por un minuto las ventanas desaparecieran y pudiéramos tomar fotografías sin ningún tipo de obstáculo, guardar para nosotros esas vistas que solo pueden conseguirse desde el cielo. Lamentablemente el espesor y la poca limpieza de los vidrios casi siempre termina por desilusionar aun al mas motivado fotógrafo.

Era junio de este año, me encontraba realizando un reportaje corporativo en la provincia de Bocas del Toro cuando mi cliente me aviso que al día siguiente realizaríamos un sobre vuelo del proyecto para tener algunas tomas aéreas. Si bien la mayor parte del tiempo estaríamos sobre áreas especificas, en los trayectos de ida y vuelta volaríamos por áreas muy boscosas y sobre el cauce de un río ,esto representaba una oportunidad única para obtener algunas tomas de naturaleza desde el aire.

Finalmente llego la hora del vuelo, el clima estaba perfecto y la luz inmejorable. Al subir al helicóptero tenía 2 fotografías en mente, una vista aéreas del cauce del río y una foto de ave volando sobre algún pantano ( imagen que se quedo grabada en mi cabeza después de ver la película "The constant gardener" de Fernando Meirelles). Historia resumida, El vuelo fue excelente , las fotos de mi cliente las pude realizar sin problemas y tuve tiempo para capturar algunas imágenes para mi archivo personal que en el momento que fueron tomadas me hicieron pensar lo afortunado que soy por ser fotógrafo.
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